En esta segunda etapa, la actitud clave es “DISCERNIR” es decir, buscar la propia aplicación, la vocación a la que cada persona es llamada, no según el propio antojo y los propios gustos sino guiados “por el Espíritu”. La búsqueda no debe dar miedo, supone valentía para DISCERNIR y acoger el plan de Dios en la propia vida. 

El Papa Francisco en su documento preparatorio para  XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos dice "La vocación al amor asume para cada uno una forma concreta en la vida cotidiana a través de una serie de opciones que articulan estado de vida (matrimonio, ministerio ordenado, vida consagrada, etc.), profesión, modalidad de compromiso social y político, estilo de vida, gestión del tiempo y del dinero, etc. Asumidas o padecidas, conscientes o inconscientes, se trata de elecciones de las que nadie puede eximirse. El propósito del discernimiento vocacional es descubrir cómo transformarlas, a la luz de la fe, en pasos hacia la plenitud de la alegría a la que todos estamos llamados."  

Es precisamente este el fin que se pretendemos alcanzar en esta segunda etapa. Que los jóvenes se acerquen como María, con fe a ese llamado espacial que Dios les hace, que lo asuman con total responsabilidad y con la firme certeza que es un don de Dios que solo busca para ellos la FELICIDAD - SANTIDAD.