Si sientes en tu corazón la invitación de Jesús que te dice SIGUEME.... entonces quiere decir que El te está llamando a una vocación específica: CONSAGRARTE A EL, CON TODO TU CORAZÓN, CON TODA TU ALMA, CON TODAS TUS FUERZAS.

 

Pero, si además, te sueñas entregando tu vida a los niños y jóvenes, viviendo en fraternidad en una comunidad de mujeres felices y realizadas, entonces quiere decir  que Jesús te está llamando a seguirlo con el estilo de Don Bosco y Madre Mazzarello.

 

1. ORA

La Vocación no es sólo lo que tú quieres ser y hacer, es ante todo lo que Dios quiere que tú seas y hagas; no es algo que tú inventas, es algo que encuentras; no es el proyecto que tú tienes sobre ti mismo, es el proyecto que Dios tiene sobre ti y que tú debes realizar. Por eso, para descubrir tu vocación, lo primero que debes hacer es dialogar con Dios, pues sólo en la oración podrás

encontrar lo que Dios quiere de ti.

2. PERCÍBETE

Ve tu historia. ¿Por cuál camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles son los acontecimientos más importantes de tu vida? ¿De qué manera Dios ha estado presente o ausente en tu vida? ¿Qué personas concretas han sido significativas para ti? ¿Por qué?
Contempla el futuro. ¿Qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar tu vida a Dios? Tienes sólo una vida, ¿a qué quieres dedicarla por completo?

3. INFÓRMARTE

No es suficiente querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio de tus hermanos. Es necesario saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas; por ello debes mirar con cual comunidad y con cual carisma te sientes más identificada, pues no es lo mismo una congregación contemplativa, que una de vida apostólica. Asimismo, debes tener un conocimiento de su misión en la Iglesia, y por medio de cuales actividades apostólicas pretenden realizarla: misiones, enseñanza, hospitales, dirección espiritual, promoción vocacional, predicación de ejercicios, medios de comunicación... y pensar también a cuáles destinatarios quienes entregarle la vida: enfermos, ancianos, sacerdotes, niños, jóvenes....

4. REFLEXIONA Y CONFRÓNTATE

La vocación es TU PROYECTO DE VIDA, TU FELICIDAD; ¡y es para toda la vida! Por eso, no te puedes lanzar a ella sin antes haber reflexionado seriamente, y con la debida calma, sobre ti y sobre la vocación que pretendes seguir.  Por ello, debes reflexionar sobre cuáles son tus capacidades y limitaciones; serás capaz de ser fiel a los compromisos que implica la vocación; en qué signos concretos te basas para pensar que Dios te llama; que es lo que más temes de la vocación; cuáles son las razones en favor y en contra que tienes para emprender ese camino; qué es lo que te atrae de ese estado de vida...

 

5. DECIDIDETE

Una vez que vayas descubriendo qué es lo que Dios quiere de ti, no te queda sino dar el paso, decir "sí", decidirte a seguir a Jesús. Tomar tal decisión es difícil. Ante la opción sentirás miedos, incertidumbres y limitaciones, pero una vez que le respondas al Señor, Él te dará la gracia de permanecer firme en tu decisión.

 

6. ACTUA

Ahora, seguramente, se te presentarán tentaciones, dificultades, críticas u otro tipo de oportunidades, pero debes buscar mucho al señor en la oración para permanecer fiel al proyecto de Dios. Por otra parte, debes vivir todo momento en coherencia con lo que has decidido; cada paso debe ir dirigido hacia la meta.

7. BUSCA UN DIRECTOR ESPIRITUAL Y UN ACOMPAÑANTE VOCACIONAL
Este es un paso transversal en todo el proceso, es decir que desde el primero momento en que empiezas a sentir la inquietud vocacional debes buscar quien te aocmpañe espiritualmente.  La vocación es una llamada que Dios te hace, y que nadie puede escucharla por ti ni responder a ella en tu lugar; por ello tienes necesidad de un director espiritual y una religiosa, ojalá de la comunidad a la que desean ingresar, para que te acompañe en tu discernimiento vocacional y confirme la autenticidad de tu llamado